domingo, 18 de diciembre de 2011

Futuro del Barrio Concha y Toro


El barrio, como ha sido durante sus últimas décadas, continúa tendiendo al uso comercial. Oficinas, sedes de pequeñas y medianas empresas, y locales de esparcimiento y de cultura; han encontrado allí un espacio para desarrollarse.
Pese a lo anterior, su vocación habitacional seguirá existiendo en la medida que estas otras actividades, que se han ido alojando paulatinamente en sus calles, sean compatibles con el habitar. De este modo, locales comerciales que no han sabido respetar el entorno, se han debido retirar, en gran medida, gracias a la acción de los habitantes del sector que, esmerados en proteger su barrio, toman acciones en conjunto y logran mantener una armonía de los usos de suelo.
        
Por lo general las iniciativas de mejoras físicas, como de defensa del barrio de actividades nocivas, son generadas por los propios habitantes del sector a través de la junta de vecinos. A nivel municipal existe la inquietud de generar acciones pero, por lo general, tardan demasiado y se entrampan en problemas de coordinación, trancas burocráticas y voluntades económicas.
En este último tiempo, se han presentado algunas iniciativas particulares que intentan darle un renovado rostro al barrio. Algunas personas están adquiriendo propiedades para realizar en ellas actividades muy exclusivas y, ya sea por una motivación económica o de buena voluntad, vaticinan una importante inversión y hermoseamiento para el barrio como conjunto.
Para que esta tendencia se pueda mantener y ser sustentable, se debe esperar que haya un exhaustivo control por parte de las entidades correspondientes, a fin de mantener un equilibrio en los usos de suelo y salvaguardar este uso mixto que hace del barrio, el lugar armónico y turístico que es hoy.

Arquitectura


El Barrio Concha y Toro conserva antiguas construcciones de inspiración renacentistas y neoclásicas mayoritariamente, que conviven y armonizan bien a través de sus fachadas continuas y alturas equilibradas.

Sus calles empedradas son angostas y curvas, muy diferentes al estilo de damero ó “tablero de ajedrez” que caracteriza a las ciudades hispánicas.

El Barrio Concha y Toro se generó en un período en que la arquitectura tendía al historicismo, época en que se recogían formas y órdenes pasados recreándose con un sentido romanticista. De este modo, el barrio aparece con una clara influencia medieval en su trazado, en el sentido que crea una pequeña ciudadela interior, con un orden y estructura propia. Esta influencia no sólo se ve reflejada en su trazado, sino que muy especialmente en la expresión formal de sus volúmenes.

En el barrio destacan estilos de la época como el Neoclásico y el Renacentista, que conviven y relacionan en armonía con formas góticas, románticas y bauhaus, entre otras.
Dentro de la irregularidad del trazado, la arquitectura se envuelve en una euforia de elementos que componen una fachada de proporción unitaria y armónica. La fachada continua es el elemento que va guiando dentro de este trazado irregular, haciendo de éste algo fluido, donde el paso de un espacio a otro no se marca mediante un cambio brusco sino que se entiende como un recorrido.
De este modo, la fachada aparece jugando con sus elementos distinguiendo e identificando cada una de sus partes y haciendo de la variedad una armonía, donde no hay estilo, sino una manera de hacer calle. Así es como el quiebre, la esquina y la calle curva, se dan de tal modo que el espacio se va descubriendo controladamente, cortando la perspectiva y generando un trazado irregular de gran riqueza espacial.
Su forma irregular, sus fachadas cargadas de ricos detalles, sus ventanas y balcones, sus esquinas y accesos, sus texturas siempre en cambio, crean un interesante juego de luz y sombra, no sólo en la plazoleta sino también en las callejuelas que las circundan.
Los adoquines se ordenan y agrupan a lo largo de las calles, marcando con su forma los límites y ritmos del recorrido hasta llegar a la plaza, donde cubre totalmente el espacio en formas ondulantes y suaves, quizás como una propagación de las ondas de la pileta.
La Plaza, generada por la intersección perpendicular de los pasajes, es el espacio donde el barrio trasciende como tal: es el espacio abierto a la comunidad, donde el barrio se hace manifiesto.

Los espacios poseen una proporción a escala humana, en contraposición al espacio abierto dispuesto en las ciudades coloniales. Este es el caso de la plazoleta “Libertad de Prensa”, que siendo el “espacio abierto” del barrio, mantiene proporciones íntimas y equilibradas, ligadas al concepto de interioridad y privacidad que tiene el barrio.
Esta interioridad de la plazoleta está magníficamente lograda por sus conducentes, estrechos y sinuosos pasajes, que van cortando la perspectiva hasta desembocar en un espacio abierto pero controlado y descubrir la plazoleta “Libertad de Prensa”, ex Du Pont.

En definitiva, la arquitectura del Barrio Concha y Toro está subordinada al trazado y al inquebrantable respeto del espacio urbano, donde cada vivienda es parte de un todo y no cada casa un elemento aislado.

Construcciones relevantes del barrio.
● El Teatro Carrera, ubicado sobre la avenida Libertador Bernardo O’Higgins entre las calles Maturana y Concha y Toro, guarda un pasado inconmensurable debido a que fue el primer teatro de cine sonoro en Chile.
Data de 1926 y se ubicó en lo que fuera los jardines del Palacio Concha-Cazotte, lugar donde don Aurelio Valenzuela Basterrica encargó su realización a los arquitectos Gustavo Monckeberg y José Aracena.
El resultado de esta edificación fue una obra neoclásica de cuatro pisos de concreto armado con escaleras imperiales que guarda elementos del romanticismo, expresionismo y barroco francés.
Esta edificación es uno de los íconos más importantes y representativos  del Barrio Concha y Toro. Por ello, fue nombrado Monumento Histórico por Decreto Nº 487 del 29/09/1989, del ministerio de Educación.
Junto a lo anterior, en 1993 se planteó por parte de la Corporación para el Desarrollo y la Municipalidad de Santiago, la posibilidad de convertirlo en centro de eventos, gestión que se realizaría con la participación de universidades e institutos del sector, a cambio de poder realizar en él acciones de los mismos centros de estudios. También se pensó en la posibilidad de vincularlo con el Teatro Municipal y poder efectuar actividades que no pudiese absorber este último.
Sin embargo, a la fecha nada de esto ha logrado concretarse y lo cierto es que el Teatro Carrera hoy en día es utilizado para comercio y almacenaje de mercancías.
● En la esquina de la Alameda y Cumming se levanta el Templo de la Gratitud Nacional, construido en el mismo emplazamiento de la antigua iglesia mercedaria. Fue inaugurado en mayo de 1883, junto con el mausoleo encargado de guardar los restos de los héroes de la Guerra del Pacífico. Desde 1981 este templo, sus escuelas y talleres, son sede de la Congregación Salesiana en Chile.
● En el lado oriente de Cumming existen dos edificaciones de rasgos neoclásicos. Allí funcionó el Liceo de Aplicación adscrito al Instituto Pedagógico, construido en la esquina de Alameda y Cumming entre los años 1887-1889, que posteriormente fue trasladado a la Avenida José Pedro Alessandri.
● El Palacio Concha-Cazotte (ex Díaz Gana) se origina gracias a don José Díaz Gana, dueño del mineral de plata más grande de la época, quien ordena en 1872 el diseño de un palacio al alemán Teodoro Burchard, radicado en Valparaíso desde 1855 y máximo exponente del estilo neogótico en Chile.
A pesar de sus inclinaciones artísticas, Burchard crea, en 3.500 metros cuadrados, el faustuoso Palacio Díaz-Gana (posteriormente llamado Palacio Concha-Cazotte) de estilo romanticista y como una recreación morisca, con elementos bizantinos e islámicos.
La construcción tardó tres años, pero su original dueño no alcanzó a disfrutarla. Los nuevos dueños, don Enrique Concha y Toro y su esposa doña Teresa Cazotte dieron origen al rebautizado nombre del palacio: Concha-Cazotte, que por más de cuarenta años vio acontecer la vida social de Santiago.
Tras la muerte de ambos cónyuges, el Palacio Concha-Cazotte es demolido en 1833, por orden de los hijos. En sus terrenos se establece la última etapa de construcción del barrio, levantando 14 viviendas más modestas de estilo bauhaus.

Arquitectos


En el trazado del barrio, no hay constancia de la participación directa de un arquitecto. Sin embargo, se estima que este trazado pudo haber sido definido directamente por doña Teresa Cazotte de Concha y Toro. A pesar de ello, se ha podido constatar en terreno la participación de los siguientes arquitectos en el diseño de las edificaciones existentes:
Machicao & Bianchi
Alberto Alamos
Smith Solar
Siegel
Larraín Bravo
González Cortés
Valdivieso & De la Cruz
Carlos Sotomayor
Gustavo Monckeberg
José Aracena
(Los textos del Barrio Concha y Toro han sido extraídos, en parte, del Archivo de la Arquitectura Chilena y la Biblioteca, pertenecientes a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile).

Historia del Barrio Concha y Toro


Las antiguas casonas del Barrio Concha y Toro reflejan la elegancia y riqueza de principios del siglo XX. Familias acaudaladas, algunas vinculadas a la minería, se asentaron en este lugar.
Los registros señalan que connotados vecinos acompañaron a los Concha-Cazotte en este lugar. Familias como los Santamaría, Lynch, Sánchez, Ossa y Cox; compartieron el apogeo del lugar. También se establecieron en el barrio Joaquín Edwards Bello y Vicente Huidobro.
Los primeros archivos de propiedad de que se tenga registro en esta área datan del siglo XVII, cuando los terrenos pertenecían a la Orden de los Mercedarios quienes los ocuparon para establecer su iglesia, colegio, talleres y siembra.
El primer origen urbano de esta parte de la ciudad, cuyo límite sur llegaba a la entonces Cañadas de Saravia (Avenida Brasil), se ubica en el primer decenio del siglo XIX, cuando se parcela la antigua chacra García de Cáceres. 

En 1872 el acaudalado minero don José Díaz Gana, poseedor del afamado mineral de plata de Caracoles, encarga al arquitecto alemán Teodoro Burchard el proyecto y la construcción de un palacio morisco de 3.500 mts. cuadrados, que se distinguía por la gran riqueza decorativa de su arquitectura islámica y por el gran parque que lo rodeaba. Lamentablemente, don José no alcanzó a disfrutar su obra y fue así como la edificación fue adquirida por don Enrique Concha y Toro y su esposa doña Teresa Cazotte, quienes la convirtieron en uno de los escenarios más activos y lujosos del Santiago de comienzos de siglo.

En 1922, al fallecer don Enrique Concha y Toro, su viuda doña Teresa Cazotte, inspirada en las ciudadelas europeas, dispone el loteo de parte del extenso parque, lo que da origen a un armónico conjunto habitacional que seguía el estilo creado por el urbanista Camille Sitte, buscando imitar la belleza de las ciudades medievales europeas con calles curvas, plazoletas y rincones acogedores.
Rápidamente, los arquitectos más cotizados de la época como Larraín Bravo, González Cortés, Siegel, Alberto Alamos, Smith Solar, Machicao y Bianchi; levantaron allí casas de gran calidad, cuidando que los diversos estilos arquitectónicos convivieran con armonía y elegancia en una limitada área urbana sorprendentemente homogénea, con fachadas continuas de excelentes diseños y una altura prácticamente uniforme.
En 1926 el Palacio Concha-Cazotte quedó oculto por la construcción del Teatro Carrera, que se emplaza en dirección hacia la Alameda en los jardines que precedían al palacio.
A la muerte de doña Teresa Cazotte en 1932, sus hijos rematan el palacio, el que es demolido en 1933. En el terreno se inicia la última etapa de construcción del barrio, levantando 14 viviendas más modestas de estilo Bauhaus, en la franja trasera del Teatro Carrera

Familias del Barrio


Las antiguas casonas del Barrio Concha y Toro reflejan la elegancia y riqueza de principios del siglo XX. Familias acaudaladas, algunas vinculadas a la minería, se asentaron en este lugar.
Los registros señalan que connotados vecinos acompañaron a los Concha-Cazotte en este lugar. Familias como los Santamaría, Lynch, Sánchez, Ossa y Cox; compartieron el apogeo del lugar. También se establecieron en el barrio Joaquín Edwards Bello y Vicente Huidobro.

Importancia del Barrio Concha y Toro

Santiago es una capital latinoamericana muy particular. Con más de cuatro millones de habitantes y con un crecimiento floreciente hacia la periferia, sus habitantes no han sabido preservar los centros históricos de arquitectura colonial, como ocurre en muchas otras urbes de nuestro continente.




El bajo interés de la población para con nuestras raíces, los recurrentes terremotos y la escasa cantidad de edificaciones hispánicas, nos han dejado con pocos edificios patrimoniales centenarios.
Lamentablemente, las ansias por crear un Santiago nuevo y distinto, se ha convertido en el ideal de vida del santiaguino, donde la continuidad de la edificación no existe. Por el contrario, las casas son concebidas como unidades arquitectónicas, casi como prototipos, que se insertan en jardines que es lo único que tiene presencia sobre la calle.
Esta búsqueda del prototipo casa-campo, ha permitido la desaparición de la trama urbana y el muro edificado; dejando atrás la esquina, la plaza, el teatro, el almacén, la farmacia, la botillería, la reparadora de calzado, la peluquería, entre otros tantos lugares que formaban “el barrio”.
Hoy por hoy, la calle no se comporta como el escenario de la vida ciudadana que reunía a los vecinos. Actualmente la vida social se da en los interiores de las casas y sus terrenos. Las compras, el paseo y el encontrarse con amigos, se da en los grandes supermercados y malls, en las afueras del barrio.
El Barrio Concha y Toro no está ajeno a esta realidad. Ya a mediados del siglo XX el barrio fue perdiendo la exclusividad de familias acomodadas como resultado del éxodo de sus propietarios hacia el barrio alto, iniciándose de esta manera un lento deterioro.
Por todo lo anterior, es importantísimo rescatar lugares como este barrio, declarado Zona Típica por el Estado de Chile, debido a su valiosa arquitectura, dada por su equilibrio como conjunto, más que por sus construcciones individuales.

Por Decreto Supremo N° 276 del 19 de mayo de 1989, el barrio fue declarado Monumento Histórico Nacional y catalogado como Zona Típica, siendo el Consejo de Monumentos Nacionales la entidad que fiscaliza su preservación.

Al interior de la avenida Alameda Libertador Bernardo O’Higgins, esquina de Ricardo Cumming, surge este tradicional barrio medieval de estilos neoclásico y renacentista, que nos transporta al Santiago aristocrático y elegante de inicios del siglo XX.
La idea de imitar un villorrio europeo fue de doña Teresa Cazotte de Concha, quien loteó parte de los jardines de su palacio para que se construyera allí, una serie de casas de dos pisos con fachadas continuas que, poco a poco, conforman las calles empedradas, cortas, angostas y curvas que desembocan en una plazoleta central.
Estas características han hecho de este barrio un lugar especial y único en el contexto urbano, donde la escala de la persona resalta por sobre la del vehículo y la riqueza arquitectónica de conjunto reemplaza a los diseños individualistas o a los conjuntos habitacionales masivos de la periferia de la ciudad.