Las antiguas casonas del Barrio Concha y Toro reflejan la elegancia y riqueza de principios del siglo XX. Familias acaudaladas, algunas vinculadas a la minería, se asentaron en este lugar.
Los registros señalan que connotados vecinos acompañaron a los Concha-Cazotte en este lugar. Familias como los Santamaría, Lynch, Sánchez, Ossa y Cox; compartieron el apogeo del lugar. También se establecieron en el barrio Joaquín Edwards Bello y Vicente Huidobro.
Los primeros archivos de propiedad de que se tenga registro en esta área datan del siglo XVII, cuando los terrenos pertenecían a la Orden de los Mercedarios quienes los ocuparon para establecer su iglesia, colegio, talleres y siembra.
El primer origen urbano de esta parte de la ciudad, cuyo límite sur llegaba a la entonces Cañadas de Saravia (Avenida Brasil), se ubica en el primer decenio del siglo XIX, cuando se parcela la antigua chacra García de Cáceres.
En 1872 el acaudalado minero don José Díaz Gana, poseedor del afamado mineral de plata de Caracoles, encarga al arquitecto alemán Teodoro Burchard el proyecto y la construcción de un palacio morisco de 3.500 mts. cuadrados, que se distinguía por la gran riqueza decorativa de su arquitectura islámica y por el gran parque que lo rodeaba. Lamentablemente, don José no alcanzó a disfrutar su obra y fue así como la edificación fue adquirida por don Enrique Concha y Toro y su esposa doña Teresa Cazotte, quienes la convirtieron en uno de los escenarios más activos y lujosos del Santiago de comienzos de siglo.
En 1922, al fallecer don Enrique Concha y Toro, su viuda doña Teresa Cazotte, inspirada en las ciudadelas europeas, dispone el loteo de parte del extenso parque, lo que da origen a un armónico conjunto habitacional que seguía el estilo creado por el urbanista Camille Sitte, buscando imitar la belleza de las ciudades medievales europeas con calles curvas, plazoletas y rincones acogedores.
En 1872 el acaudalado minero don José Díaz Gana, poseedor del afamado mineral de plata de Caracoles, encarga al arquitecto alemán Teodoro Burchard el proyecto y la construcción de un palacio morisco de 3.500 mts. cuadrados, que se distinguía por la gran riqueza decorativa de su arquitectura islámica y por el gran parque que lo rodeaba. Lamentablemente, don José no alcanzó a disfrutar su obra y fue así como la edificación fue adquirida por don Enrique Concha y Toro y su esposa doña Teresa Cazotte, quienes la convirtieron en uno de los escenarios más activos y lujosos del Santiago de comienzos de siglo.
En 1922, al fallecer don Enrique Concha y Toro, su viuda doña Teresa Cazotte, inspirada en las ciudadelas europeas, dispone el loteo de parte del extenso parque, lo que da origen a un armónico conjunto habitacional que seguía el estilo creado por el urbanista Camille Sitte, buscando imitar la belleza de las ciudades medievales europeas con calles curvas, plazoletas y rincones acogedores.
Rápidamente, los arquitectos más cotizados de la época como Larraín Bravo, González Cortés, Siegel, Alberto Alamos, Smith Solar, Machicao y Bianchi; levantaron allí casas de gran calidad, cuidando que los diversos estilos arquitectónicos convivieran con armonía y elegancia en una limitada área urbana sorprendentemente homogénea, con fachadas continuas de excelentes diseños y una altura prácticamente uniforme.
En 1926 el Palacio Concha-Cazotte quedó oculto por la construcción del Teatro Carrera, que se emplaza en dirección hacia la Alameda en los jardines que precedían al palacio.
A la muerte de doña Teresa Cazotte en 1932, sus hijos rematan el palacio, el que es demolido en 1933. En el terreno se inicia la última etapa de construcción del barrio, levantando 14 viviendas más modestas de estilo Bauhaus, en la franja trasera del Teatro Carrera
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